Iguales en la diferencia


A pesar que este post se supone que está realizado para valorar el trabajo que se lleva a cabo en comunidades de aprendizaje alternativas, o para comentar el caso particular del centro educativo "O Pelouro", voy a salirme levemente del guion -si me lo permitís-, porque, aprovechando el tema, quisiera relacionarlo con mi experiencia propia sobre lo tratado en clase, para hacer una reflexión personal al respecto. 

No sé si recordáis -si habéis tenido el privilegio-, los momentos en que compartíais clase con personas con diversidad funcional. Es durante la infancia, probablemente por la edad, la etapa en la que la igualdad entre personas se hace más visible. Uno de los escasos recuerdos de mi paso por la educación preescolar e infantil, fue el de haber tenido la oportunidad de convivir y haber estado en el mismo aula que un compañero con diversidad funcional. A pesar de que todos éramos conscientes de lo que nos unía y diferenciaba respecto al resto, todos actuábamos de acuerdo a que lo que se nos suponía que éramos: un grupo. No existía individualidad ni contemplación del "otro" como un "desigual" o un rival. Si la clase tenía un objetivo, se lograba cooperando y actuando todos unidos, cada uno en la manera y el modo que les fuera más posible. 

Por ello, cuando este compañero y amigo de infancia abandonó -o se vio en la obligación/necesidad de ello-, el mismo colegio en que nos habíamos criado desde niños, no comprendía el por qué. Tuvo que ser fortuitamente años después, cuando en una visita a un centro de personas con diversidad funcional, lo vi de nuevo. Alegre y feliz como siempre, bien acompañado, animado y con energía. En ese momento comprendí que lo que ese centro le ofrecía, la oportunidad que al igual que a él le brindaba a decenas de personas más, era algo que se escapaba de un centro escolar ordinario pensado para y por niñ@s sin diversidad funcional. 

Fue la visualización del vídeo acerca de la escuela O Pelouro la que rescató de mí este viejo recuerdo. Simplemente su título, o la primera impresión que te da visitar su página web, ya te pone en la situación de que es un centro especial, muy especial. Es una escuela para todo niño, con todo lo que eso supone y conlleva. Una escuela en que comparten aula, actividades y relaciones todo tipo de niños y niñas, sin distinción. 

Qué bien suena, y a la vez, qué raro. No debería ser así. Lo raro debería ser que hubieran centros que aún hoy en día, centraran sus acciones sólo en aquell@s que no padecen ningún tipo de problema funcional. ¿Acaso no somos todos ya diferentes de por sí? ¿De verdad no existen los mecanismos o las estrategias necesarias para aplicar o desarrollar programas educativos que sean complementarios y válidos para todo tipo de personas? Visto lo visto, y aunque sea una tarea ardua, está claro que sí es posible. "O Pelouro" es simplemente un ejemplo. 

Ojalá pronto llegue un día en que vez de que estemos hablando de ejemplos y excepciones, hablemos de generalidades. Que el ejemplo no sea un ejemplo, y sea lo habitual. La educación es igual para todos: sólo hay que saber adaptarla a cada situación, y no encuentro respuesta justificada que me convenza de que ha de hacerse en diferentes espacios. La sociedad es una, y todos formamos esa sociedad. Todos aprendemos de todos. Todos. 

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