2030, una mirada atrás, un panorama incierto y un mensaje de esperanza
Tampoco creo que quede tanto para que las realidades educativas y tecnológicas que todos nos imaginamos (sí, me he pasado por muchos de vuestros blogs para ver vuestras innovaciones e ideas del futuro, y muy interesantes por cierto) se hagan realidad, o al menos muchas de ellas. La ciencia y la tecnología avanzan de manera imparable, y aparatos tecnológicos que años atrás hubiéramos concebido como irrealizables (y sino que les pregunten a nuestros padres y abuelos), hoy en día forman parte de nuestra vida cotidiana.
Lo mismo nos ocurrirá a nosotr@s. Surgirán nuevas tecnologías a las que tendremos que adaptarnos, y cursos de formación que realizar para saber adecuarlas al espacio educativo. Tendremos numerosas preguntas que hacer a nuestros alumnos e hijos (que seguramente estén más puestos en esto de las tecnologías que nosotros) para poder comprender la verdadera utilidad y dimensión de cada una de esas herramientas. Tendremos que seguir formándonos, porque la información y el conocimiento, si ya hoy en día vuelan, en 2030 irán en coche volador -es una pequeña broma, no me juzguéis-.
La libertad de los alumnos será una realidad: la creatividad, la potencialidad de sus recursos y habilidades, el autoaprendizaje, el desarrollo de las capacidades de autocrítica, y autopensamiento. El poder pensar por sí solos, el juzgar sin criterios adoctrinadores. La combinación de los sistemas educativos más eficaces, que dará lugar a un sistema educativo común y global. Todo ello será una realidad.
Los transportes se habrán desarrollado tanto, y habrán disminuido su coste debido a la enorme competencia mercantil, que las distancias no serán un impedimento para que ningún alumno no pueda ir a la escuela. La accesibilidad estará al alcance de todos.
No habrá ningún impedimento (como también debería ser hoy en día) para que alumnos con diversidad funcional, o procedentes de otras culturas, se incorporen con normalidad al aula. Junto al resto de sus compañeros, bajo principios de igualdad, comunidad y unión que estarán plenamente insertos en la conciencia de tod@s.
La profesión docente se habrá dignificado enormemente a lo largo de estos años. Y no me refiero en cuanto a salario, sino respecto a prestigio e importancia. La educación llevada a cabo en esta década habrá impulsado una nueva sociedad en que el respeto, la tolerancia, la convivencia, el diálogo, el cuidado medioambiental o la igualdad, entre otras muchas cuestiones, estén a la hora del día. Y todo habrá sido gracias, en parte, a la profesión docente, que verá recogido ese fruto y esfuerzo, con un mayor reconocimiento social.
Leyendo todas estas cosas, y ya que estamos en período electoral, parece casi más un folletín de propuestas electorales, que un ejercicio de reflexión. Pero y a diferencia de lo que políticos proponen, espero que esto sí sea realidad. Lo necesitamos.
El cambio que el mundo necesita, las derivas sociales y la situación política actual global (cuanto menos, preocupante), necesitan de la profesión docente. Somos el inicio del cambio que queramos ver. Queda en nuestras manos. Sólo el tiempo dirá si aquello por lo que luchamos, aquellas ideas que nos motivaron a estar donde estamos y a buscar aquellas cuestiones que no pudimos disfrutar en su momento, se habrán cumplido. Tenemos una dura tarea, un gran peso sobre nuestras manos. Pero, y aún así, y a pesar de este panorama tan negro que acabo de pintar, no tengo dudas de que estaremos a la altura de las circunstancias. Claro que lo conseguiremos.

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