Ofreciendo nuevas oportunidades: el combate con el fracaso
Todas las ayudas, ideas y atenciones están puestas mayoritariamente en los estudiantes que han continuado y continúan de la manera ordinaria sus estudios. Pero, ¿qué pasa con aquellos que por los motivos que fueren, no han querido/podido concluir al menos los estudios obligatorios? ¿qué ocurre con los estudiantes que desean abandonar los estudios para labrarse otros caminos laborales al margen de la educación necesaria? ¿qué hacemos con aquellos que previo rechazo/abandono de la educación, desean una segunda oportunidad educativa que les encauce en la sociedad?
El absentismo o el rechazo a la educación sigue siendo un problema en la sociedad. Especialmente en los grupos sociales más desfavorecidos o peor integrados, que es donde tiene más incidencia. Por ello, no deja de ser preocupante cómo a pesar de que tantas veces se haya teorizado e incluso tratado de demostrar que la educación es la vía para lograr la equidad social, la salida de las situaciones marginales, y por tanto, el camino sobre el que se anda hacia la cohesión social, no parecen ser demasiados los esfuerzos para tratar de convertir ese "camino" en una "vía asfaltada".
Metáforas aparte -perdonadme, pero no puedo evitarlo-, se trata de una situación que en muchas ocasiones, trata de ser ocultada, o a la que no dar mucha importancia. No terminamos de entender que la sociedad somos TODOS, y como tal, el fracaso de uno no es algo sólo individual, sino también una pequeña derrota de la sociedad.
No obstante, siempre hay intentos o proyectos que buscan la solución a este problema. Aunque no sean demasiados y estén pidiendo a gritos que nuevas instituciones y que los organismos educativos sigan su modelo y les apoyen económicamente, es muy recomendable que sus ejemplos salgan a luz.
Uno de ellos es la Fundación Tomillo. Fundada en 1984 como una entidad privada sin ánimo de lucro, se ocupa de atender, dirigir, aconsejar, y en definitiva, proporcionar una nueva oportunidad educativa, a aquellas personas que por "problemáticos"o por no haber nacido en ellos el interés por seguir los estudios, se vieron en algún momento de sus vidas alejados del ambiente escolar.
A través de la ayuda y orientación que los profesionales que trabajan en esta fundación (profesores, psicólogos, pedagogos) y con la colaboración de voluntarios, se aporta una nueva oportunidad para que estos jóvenes -normalmente de ambientes socioculturales desfavorecidos- desarrollen unas habilidades y conocimientos que les reintegren de nuevo en la sociedad, a la vez que les sitúen de nuevo en la senda laboral.
Como entidad "especial", no sigue los patrones clásicos de aprendizaje del resto de institutos nacionales, sino que adecua los conocimientos a las necesidades de estos jóvenes, que pasan por mejorar su calidad de vida, la de su entorno, y a inculcarles los valores de respeto, tolerancia y convivencia de la sociedad.
La Fundación Tomillo no es más que un ejemplo que sirve para demostrar cómo la investigación, experimentación y la mejora continua de los procesos de enseñanza correspondientes, es una tarea aún pendiente a la que la sociedad tendría que conceder mayor importancia y facilidades. Si se invirtiera más y se fomentaran este tipo de centros, no sólo se estaría ayudando a combatir y paliar los problemas que suponen que un % de los grupos jóvenes se quedaran al margen de la sociedad, sino que además, se podría avanzar en colectivo hacia nuevas metas y objetivos futuros una vez que los desequilibrios y las desigualdades hubieran estado en camino de ser eliminadas.
Formar ciudadanos antes que alumnos, devolver la esperanza, la seguridad y el compromiso con la sociedad. Esto va por delante de todo, y en ello habría que invertir. No se puede dejar a gente al margen de la sociedad, porque sino, estaríamos edificando nuestras propias barreras y límites como grupo humano.
A través de la ayuda y orientación que los profesionales que trabajan en esta fundación (profesores, psicólogos, pedagogos) y con la colaboración de voluntarios, se aporta una nueva oportunidad para que estos jóvenes -normalmente de ambientes socioculturales desfavorecidos- desarrollen unas habilidades y conocimientos que les reintegren de nuevo en la sociedad, a la vez que les sitúen de nuevo en la senda laboral.
Como entidad "especial", no sigue los patrones clásicos de aprendizaje del resto de institutos nacionales, sino que adecua los conocimientos a las necesidades de estos jóvenes, que pasan por mejorar su calidad de vida, la de su entorno, y a inculcarles los valores de respeto, tolerancia y convivencia de la sociedad.
La Fundación Tomillo no es más que un ejemplo que sirve para demostrar cómo la investigación, experimentación y la mejora continua de los procesos de enseñanza correspondientes, es una tarea aún pendiente a la que la sociedad tendría que conceder mayor importancia y facilidades. Si se invirtiera más y se fomentaran este tipo de centros, no sólo se estaría ayudando a combatir y paliar los problemas que suponen que un % de los grupos jóvenes se quedaran al margen de la sociedad, sino que además, se podría avanzar en colectivo hacia nuevas metas y objetivos futuros una vez que los desequilibrios y las desigualdades hubieran estado en camino de ser eliminadas.
Formar ciudadanos antes que alumnos, devolver la esperanza, la seguridad y el compromiso con la sociedad. Esto va por delante de todo, y en ello habría que invertir. No se puede dejar a gente al margen de la sociedad, porque sino, estaríamos edificando nuestras propias barreras y límites como grupo humano.

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