¿Hacia las profesiones del futuro, o hacia un futuro sin sociedad?



Nuevos estudios afirman que las empresas demandan cada vez más un perfil de trabajador que no destaca especialmente por un amplísimo currículum universitario, o por una prolongada experiencia laboral. Sino que, más bien al contrario, se fijan en aquellas personas que muestran grandes habilidades personales en la comunicación interpersonal, o de liderazgo y compenetración a la hora de participar en trabajos grupales. Por lo general, se trata de profesionales que además, cuentan con una gran capacidad de adaptabilidad y flexibilidad.

¿Y esto por qué? De acuerdo a los grandes gurús del mercado del empleo, el mundo laboral que se prevé en el futuro será tan cambiante que, constantemente, se necesitará que los profesionales se puedan adaptar inmediatamente a las evoluciones del mercado. Únicamente aquellos que demuestren mejor sus habilidades serán los que se resistan a la frustración que un mundo en continua transformación puede suponer. Pero, y lo que es más importante, aseguran que las universidades no están preparando a las generaciones de estudiantes para esto, sino que, ancladas en un sistema educativo obsoleto, continúan formando a los jóvenes con unos conocimientos que no van a interesar a las empresas y compañías en un futuro muy próximo. Por ello, dejan caer la necesidad de una reforma educativa que vaya orientada a la sustitución de los planes de estudios actuales por otros que se encaminen hacia las necesidades futuras. 

Esto nos sitúa ante una tesitura compleja. Porque de cumplirse esto, por una parte, supondría que una gran cantidad de jóvenes quedarían al margen del mundo laboral, marginados y sin capacidad de integrarse en él. Y por otra, porque limitaría enormemente las salidas profesionales, reduciéndose casi exclusivamente hacia aquellas orientadas a la tecnología y al sector servicios.

Por tanto…¿tenemos que abandonar nuestros estudios y objetivos? ¿dejar a un lado aquello que nos gusta y motiva, para centrarnos en unos estudios que nos sean indiferentes, pero que nos proporcionen una buena salida laboral? Seguro que esta pregunta nos la hemos planteado todos en algún momento, y sólo uno mismo sabe la respuesta propia que ha encontrado a tal cuestión.
Está claro que lo ideal sería encontrar una decisión equilibrada. Es decir, hallar una profesión que a la vez que nos gusta, tiene buenas posibilidades laborales. Pero igualmente evidente es que -oh, sorpresa- en muchos casos, esto es imposible.

Estamos tan preocupados -y obsesionados, me incluyo- con nuestro futuro, que olvidamos algo esencial: la educación. Corremos el riesgo de convertirnos en unos profesionales sin sociedad. De ser unos trabajadores que han sustituido su mundo social por una especie de megacorporación reglamentada de acuerdo a los intereses e ideales de las compañías.

No se va a ninguna parte sin educación, sin haber recibido las dosis diarias (y muchas veces inconscientes) de formación e integración en la sociedad. Y eso, sin duda, es algo que no puede aprenderse si se está exclusivamente pendiente de hallar la mejor salida profesional, y por supuesto, si terminan por desaparecer los estudios que nos proporcionan las habilidades necesarias para encontrar nuestro lugar en la sociedad. Y no hablo únicamente sobre las humanidades (sí, sé que es mi campo y puede parecer un alegato a su favor), sino en general sobre todas aquellas formaciones que nos dan y enseñan las habilidades sociales y personales necesarias para formar parte de la sociedad.

Estamos ante un gran reto: hallar la vía adecuada e intermedia para optimizar la relación sociedad-educación, y que ésta a su vez, nos encauce hacia un mundo profesional. Quizás sea hora de que nos pongamos a ello ya. Porque al fin y al cabo, somos sociedad, ¿no?

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